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miércoles, 30 de enero de 2013

Leaving


                                
Hacía dos años ya que Martín había abierto aquel correo de Recursos Humanos: “Mañana a las 17:00 le convocamos a una reunión en nuestro departamento. Rogamos sea puntual”. Aquella noche se tuvo que tomar un lexatín para poder dormir.
-¿Qué te han dicho?- le preguntó al compañero que salía del despacho.
-Yo también me voy; Miguel, Laura, y José tampoco se han librado. También echan a los informáticos y a cinco comerciales.
Despidieron a veinte. Sólo tres estaban trabajando ahora.
-Ya está: salimos por la puerta seis. Embarcamos en media hora- le dijo ella sonriendo mientras por su mejilla rodaba una lágrima.
-  Shhhh… Tranquila- le susurró mientras la abrazaba - Ya verás como todo va a ir bien. Volveremos pronto. Y a los niños les va a encantar. Van a hacer amigos enseguida y se van a adaptar muy bien.
Cogió el pasaporte que le daba su mujer, haciendo un esfuerzo por ocultar  la angustia y la rabia . ¡Dos años! ¡Dos putos años! ¡Enteros! Y nada, nada que pudiera mantenerles a los cuatro. Irse fue la decisión más difícil a la que se había tenido que enfrentar nunca. Pero no podían seguir así: sus padres ya se habían quedado sin fondos para ayudarles, y sin el subsidio no había forma de pagar el alquiler.  Por eso decidió aceptar la oferta de aquel antiguo compañero de la facultad que se había ido hacía unos meses a Argentina.
“Es muy duro. Tienes que estar diez horas aquí sin parar. Pero el restaurante va muy bien y el jefe me ha dicho que sí, que en la cocina necesitan gente, y que si conozco a alguien de confianza le ahorro todo ese rollo de las entrevistas. Además, os podéis quedar en mi casa hasta que encontréis un piso, y a lo mejor luego podemos colocar a Julia”.
Su padre le había dado el empujón que le faltaba. “Aquí no hay futuro Martín. Os tenéis que ir. Piensa en los niños”.
 -¡¡¡Túuuu!!! Calamaaar!!! ¿¿Dónde vas??- Sólo podía ser Raúl -  A ver si os creéis que os vamos a dejar ir al culo del mundo sin daros un poco más la tabarra.
Julia y él se dieron la vuelta. Allí estaban: toda la pandilla. Habían venido los 6.
-          ¡Que cabrones que estáis hechos! ¡Mira que os dije que odio las despedidas! ¡Que no hacía falta que vinierais joder!
-          ¡¿Que despedidas, ni qué coño Martín?! Si por Whatsapp vamos a seguir hablando todo el día. No os vamos a quitar del chat por muy boludos que os volváis- espetó entre risas Mario.
Todos se abrazaron. Ellos riéndose. Las  chicas llorando y dándose muchos besos.
“Última llamada para el Vuelo Z412 con destino a Buenos Aires. Embarquen por la puerta 5”.
Ya en el avión, con los cinturones puestos, Martín miró el móvil por última vez antes de apagarlo: habían     cambiado el nombre del chat a “Madrid- Buenos Aires”. Julia se acurrucó en su brazo, exhausta. La besó en la frente y reposó la mejilla sobre su cabeza.
-Este viaje es de ida y vuelta mi niña. Te lo prometo.
              
                                                           
 

viernes, 25 de enero de 2013

So Beautiful


De repente lo veo todo sucio y desordenado. No lo puedo evitar y me he puesto a limpiar y a ordenar la casa de arriba abajo como una loca. Precisamente a mí, que siempre encuentro algo mejor que  las tareas domésticas, a mí, me ha dado por ahí. Fíjate tú por dónde.
-Para ya ¿no?- me dices mirándome como si me hubiera vuelto loca.
-Vale, ya lo dejo; vamos a comer anda- te digo mientras pienso que sí, que se me ha ido la cabeza totalmente.
Al poco rato de empezar, así sin avisar, ocurre. Aún no sé qué está pasando; no puede ser, no toca todavía. Faltan 6 semanas, será una falsa alarma.
-Que… no sé qué pasa, pero tengo el pantalón empapado- te suelto.
 Blanco, te has quedado blanco al mismo tiempo que abres los ojos como platos mientras dejas la cuchara que te estabas llevando a la boca en el aire, como si alguien le hubiera dado al “pause”.
-  ¡Ay Madre! venga, pues vámonos ¿no?, para el hospital digo.
-Pues no sé, espera que me duche por lo menos y que me arregle un poco, que menudas pintas tengo.
-Pero ¿Qué dices?!! Como te vas a poner ahora a ducharte, ¡vámonos YA!
De los nervios, estás de los nervios; así que decido hacerte caso no vaya a ser que te dé un ataque o algo. Encima el ascensor está roto y nos toca bajar los 8 pisos andando. Yo la verdad es que estoy de lo más tranquila, no me duele nada. Esto no es para tanto después de todo lo que me han contado, y mira que te cuentan cosas, no precisamente agradables. La gente, que tiene ese tacto.
Al final llegamos a urgencias y me suben a una sala a la espera de meterme en observación. Sola. Delante de mí hay una chica  a la que se le ha roto el preservativo y viene a por la píldora del día después. ¡Pobre!.
Me toca ya.
-Pasa por aquí bonita; toma, ponte esto ahí detrás y túmbate. Ahora te miran.
Muy dócil yo, porque no sé porqué cuanto tengo un médico delante o algo que se le parezca me vuelvo pequeñita, hago lo que me piden sin atreverme a  hacer las mil preguntas que me pasan por la cabeza.
-Vale, está todo bien. Te quedas a pasar la noche. Enseguida te llevan a la habitación.
“¿Está todo bien?” ¿Qué dice esta mujer? Si estuviera todo bien yo me iría a mi casa y no volvería hasta dentro de 6 semanas que es cuando tendría que estar aquí, el 6 de marzo, y no el 25 de enero. ¿Cómo va a estar todo bien? Hace un momento estaba de lo más tranquila y esta mujer ya me ha puesto de los nervios.
-Qué…..¿Qué te han dicho?, ¿Qué pasa? ¿Estás bien? ¿Te duele?
- No me duele, estoy bien- te digo mientras te paso la mano por la frente para intentar calmarte. –Que nos quedamos esta noche.
Me abrazas y sé que todo va a salir bien; porque estás ahí; y no tengo miedo. Tú sí. Yo ninguno porque estás conmigo.
El dolor aparece, viene  y se va, y cada vez tarda menos en volver; hasta que mis gritos empiezan a oírse más allá de la tercera planta y aparece el anestesista. No sé qué me ha dado pero ya no me duele. Cogida a tu mano y sintiendo como me acaricias la cabeza y me susurras al oído me duermo, aunque no sé por cuanto tiempo.
El ruido y el trajín de enfermeras y médicos entrando en la habitación me despiertan. Estoy atontada aún, y todo es un poco confuso. Un celador me saca de la habitación corriendo y al fondo del pasillo, desde la camilla te veo, con un traje verde de esos que salen en las series de médicos y una mascarilla que solo deja ver tus ojos asustados, brillantes, emocionados. No puedo ver tu boca pero sé que me estás sonriendo.
Entramos en la sala y me suben a la mesa, tú sin moverte un milímetro de mi lado, sin soltarme la mano ni un momento, sin parar de decirme “tranquila, todo va bien; estoy aquí”.
-Venga guapa,  vas a hacer lo que yo te diga. Esto está hecho: está aquí ya y en su sitio. Así que coge aire y cuando te avise empujas. Uno, dos, tres… ¡AHORA!
Siento que me voy a partir por la mitad, de verdad que no salgo entera. Mi cuerpo no lo va a soportar.
-Muy bien, ya casi la tenemos. Respira. Un, dos, tres…. Otra vez ¡EMPUJA!
Ahora sí que me rompo; van a tener que recoger todos los pedazos que debe de haber de mí esparcidos por todas partes. Aún así no lo puedo evitar y sigo empujando con todas mis fuerzas  y con las que me estás dando “Venga Ale, ya está, lo estás haciendo muy bien”.
 Entonces la oímos: llora. La vemos, es preciosa. La ponen sobre mi cuerpo, siento su piel suave sobre la mía. Y los dos estallamos en risa y en llanto a la vez, sin poder parar de reírnos, sin poder parar de llorar, sin poder parar de mirarla. 

miércoles, 16 de enero de 2013

In Time


Ir al Mercadona a las horas que no va ni Dios tiene muchas ventajas. A parte de no encontrarte con todo tu barrio, y de no tener que ir esquivando 5 carritos por pasillo, puedes ser testigo de  alguna que otra confesión entre compañeras de trabajo.
  - Tía, no sé qué me pasa. hoy estoy fatal! No sé si es el tiempo, pero estoy super deprimida.-
   -Anda, que en un ratillo sales y pa casa.-
  -Ya, a seguir currando. ¡Anda que si tuviera unos añitos menos…… me iba yo a casar y a tener hijos sabiendo lo que sé!-
     A lo mejor solo tiene un mal día. Quizás esté pasando una crisis con su marido; o los niños y el trabajo la tienen agotada… o simplemente se ha dado cuenta de que ha hecho muchas cosas porque tocaba hacerlas y no porque quería de verdad.  Lo que está claro es que a esta chica le pasa lo que a muchas cuando descubres que estás llegando a la mitad del camino -o lo has pasado ya- y no te has enterado. Se te escapa poco  a poco. A veces te das cuenta  y tienes la inmensa suerte de poder reaccionar a tiempo.

Hace unas semanas fui a ver a mi abuela a la residencia. Todos los ancianos estaban en una sala muy grande viendo a una coral que les amenizaba la tarde cantando villancicos. Algunos bailaban con las auxiliares. Otros tenían la mirada perdida, no estaban allí.  Más de una mujer tenía los ojos húmedos mientras esbozaba una sonrisa, probablemente recordando alguno de los episodios de su larga vida en los que fue feliz. Pero lo que más me impactó fue sentir sus miradas clavadas sobre mí. Dulces, nostálgicas, llenas de ternura y sobre todo, tristes, muy tristes a pesar de que me sonreían. En mí veían a esa mujer joven, fuerte y ágil, con toda la vida por delante que  fueron hace tiempo. “Si pudiera volver a ser como ella” parecían pensar ; Poder sentir, reir, amar, llorar, vivir... algo más que simplemente esperar la visita de la muerte.
  Es curioso el miedo que se  tiene a morir, sobretodo en nuestra cultura occidental. Pocos se paran a pensar que lo verdaderamente aterrador es no aprovechar la vida. Salí de la residencia aquel día  llevándome las miradas de esas mujeres conmigo. Muchas veces veo sus caras y me prometo a mí misma hacer todo lo posible por no decepcionarlas. Aún estoy a tiempo.

lunes, 14 de enero de 2013

You´re my Perfect Colour


Todo está en calma. Las niñas se han acostado ya. Mis padres han salido y no se escucha nada más que el sonido de los grillos y algún coche que pasa de vez en cuando. Estoy sola y me voy a dormir, con el único consuelo de que voy a estar algunas horas sin sufrir. El orfidal me deja K.O. “Eso no es una solución” me dijo Carol hace unos días. “Es como estar muerta, ni sientes ni padeces”.  Tiene razón, pero ahora es la única “solución” en la que encuentro algo de paz, aunque sea por estar muerta unas horas. Cuando me despierto el dolor y la angustia siguen ahí, implacables, insaciables.
Es el primer viaje que hago a Cádiz sin ti; y es como estar dentro de un sueño; nada parece real. No es la misma playa, ni el mismo aire, ni la misma luz. Solo siento un dolor insoportable que no me deja ni respirar. No, espera; no puede ser real, no puedo estar aquí, en nuestro Cái, sintiendo dolor. Eso es, es una pesadilla, muy real, pero una pesadilla de la que terminaré despertando.
Echo a andar por la orilla, haciendo el mismo paseo que hemos hecho juntos tantas y tantas veces, esperando encontrarme algo mejor. Pero no estás aquí. ¿Cómo me voy a sentir mejor? Es de locos. Vago por otra dimensión desconocida para mí, llena de monstruos que se meten en mis entrañas y me van devorando poco a poco, sin piedad. Tengo pánico a pasar una vida en la que no estés a mi lado.
¿Te acuerdas? Siempre te decía que no me daba miedo la muerte. Lo que me aterraba era no encontrarnos en el otro lado. Pero eso no podía pasar nunca. “Somos invencibles” me solías decir.  Ahora, recordándolo, me doy cuenta de que eso sólo puede pasar si no volvemos a estar juntos. Si de verdad nos separamos y cada uno sigue con su vida al margen del otro. ¿Cómo nos puede hacer esto el destino? ¿Jugar así con nosotros y quitárnoslo todo de esta forma tan desgarradora?
He perdido la noción del tiempo, debo de llevar dos horas caminando. Al final llego a nuestro chiringuito y me pido un mojito para ver la puesta de sol. Nuestra puesta de sol. Suena una de tantas canciones que hemos hecho nuestras. Siempre nos hemos amado a través de la música.



 Pero para ahora, para este momento, sólo podía ser esta cancíon. Es como si supieras que iba a estar ahí  y lo hubieras preparado todo. No puede ser; estás a más de 700 Km. Me abrazas por detrás y me susurras, apenas rozándome “Siempre te querré Ale, eres mi vida”. Giro la cabeza y me estremezco al sentir tus labios cálidos sobre los míos. 

miércoles, 9 de enero de 2013

I have a dream


Petrificada y escandalizada. Así me he quedado esta tarde cuando mi hija me ha hablado del comportamiento  de uno de sus compañeros de clase, de 8 años.  Al parecer este niño y una niña de clase se han hecho “ novios”.   A mi hija – que es muy amiga de esta niña- no le ha hecho mucha gracia, y cuando intento indagar porqué, resulta que el niño va diciendo en el recreo que a partir de ahora él manda sobre su “novia” y que la niña sólo va a poder hablar y jugar con quien él diga. Resulta que mi hija está preocupadísima por la posibilidad de que su amiga ya no vaya a jugar con ella, en el caso de que este niño considere que le debe prohibir su amistad.
Yo no he podido esconder mi alarma ni mi indignación y he intentado transmitirle la gravedad del asunto a mi niña, que con su mente inocente de 8 años, parece no percibir. Lo que le entristece es perder a su amiga porque el otro lo diga.
Hace ya dos años, con 6, me dijo un día que de mayor no quería tener novio ni marido
-¿Por qué Cariño?-
-Porque no quiero que me hagan daño ni que me maten como a todas esas señoras que salen en la tele- . Desde entonces intento que no vea las noticias.
¿Qué estamos haciendo mal? No avanzamos. Nada. Sí quizás en la protección a las mujeres que sufren algún tipo de maltrato, o en la toma de conciencia general de la Sociedad.  Pero no en la prevención de comportamientos en los niños que luego pueden llegar a convertirse en el germen de esa violencia de género. No es raro escuchar a adolescentes decir que no se ponen tal o cual falda porque a su novio no le gusta que vaya así. Es igualmente grave que las niñas y las chicas no parezcan darse cuenta de que  una actitud así por parte de un “novio” no se puede tolerar.
Quizás, ya en primaria, se debería dar charlas sobre la violencia de género.  Si conseguimos concienciar a los niños desde muy pequeños  tendremos una batalla muy importante ganada en la lucha contra el maltrato a la mujer. Con un poco de suerte y mucho trabajo por parte de todos conseguiremos que nuestras hijas no tengan que escuchar de las suyas historias como la que yo he tenido que escuchar hoy. ¿Es una utopía una sociedad en la que NINGUNA mujer sufra maltrato o desprecio por parte de un hombre solo por el hecho de ser mujer? Mi padre siempre me ha dicho que tenemos el deber de ser utópicos. Sólo así los sueños dejarán de serlo para convertirse en realidades.