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miércoles, 5 de febrero de 2014

Con C Mayúscula

Hace ya algunos meses empecé a escribir sobre la tormenta que había provocado el Cáncer al entrar en mi vida de golpe. Sin intención de publicar nada, por aquello de que me gusta compartir más lo bueno que lo malo. Ponerlo en el blog suponía exponerme demasiado y quizás por timidez o por pudor, o quién sabe si por las dos razones, cree un alter ego y fui colgando lo que escribía en una web de relatos.
 Que salieran ahí y no en Mujer Imantada  era quizás un acto de cobardía, una forma de protegerme: lo contaba, pero en voz muy baja, de forma anónima que es más fácil. Tuve muchas dudas al respecto. No por si a los demás les parecía bien o no; eso, sinceramente, nunca ha sido una razón de peso para tomar o no una decisión en mi vida. Lo que no tenía tan claro era cómo me iba sentir yo al  “desnudar” mi mente y mis sentimientos  delante de todos. Así que probé: fui compartiendo algunos relatos de los que subía a la web en el face.
Para mi sorpresa, me he dado cuenta de que el hecho de que personas con las que no tengo contacto desde hace más de diez años más allá del ciberespacio me hayan mostrado su apoyo, lejos de agobiarme, me está haciendo sentir muy bien. Y lo que es más raro aún, las palabras de aliento que me han dejado algunos desconocidos me han arropado como nunca imaginé que lo harían.
El caso es que como no acababa de dar el paso, un día de estos en los que la duda no me dejaba tranquila, el cosmos va y se pone pesadito y  decide darme un último empujón: pongo la  SER y resulta que en La Ventana un periodista al que le han diagnosticado un tumor en el cerebro está contando que ha abierto un blog para narrar cómo se está enfrentando al Cáncer. Decía que escribía para averiguar lo que  siente.  
Así que nada: iré subiendo -con la etiqueta Con C mayúscula- mis anécdotas, sentimientos, reflexiones y todo lo que me acompañe en este viaje para el que la vida me ha dado billete en clase preferente. Sí, vale, es un acto egoísta por aquello de que la escritura siempre ha sido un ejercicio terapéutico. Pero también he pensado que igual puedo ayudar, aunque solo sea un poquito, a que os deis cuenta de lo alucinante que es la vida, y de lo triste que es, no el hecho de morirse, sino no saber vivirla. Esto último no lo digo yo,  lo dice Mario Alonso Puig en su libro “Vivir es un Asunto Urgente”. Perdonadme, pero es que me venía al dedillo para terminar.




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